A mi Familia, por enseñarme el camino de la palabra.

El valor de nuestra palabra nunca será mayor que la validez de nuestros actos.

17.1.10

Cartas Celestes nº 4 y 5

Nº4

Hace una semana no hacía sol. El cielo -nublado- presagiaba tormenta. Al dejar el ascensor observé que había algo en el buzón. -"¡Ay!"-, tengo un fino corte en la mano. A saber de qué es.

Hacía tiempo que no recibía carta en domingo y he vuelto a recibir una. Al principio me he quedado confuso como la primera vez, después he sentido emoción. ¡¡Emociona comprobar que se acuerdan de ti!! La carta era celeste.

Entre folletos y propaganda con un "Yo" como remitente y un "A ti" como destinatario, la carta venía sin sobre. Una cuartilla plegada en tres sin sellar. Inconfundible. Nadie que recibiera una carta así dudaría que es para él.

Bueno, casi nadie, yo dudé la primera vez.

Al abrirla he disfrutado con el sonido que producía el rígido despliegue de su alabastrino papel. Sorprendentemente extensa, cuando la he leido se me ha teñido el alma. La sangre me ha espesado. El corazón me ha encogido -frío- y los poros de mi piel han ardido inflamados.

Con el pulso acelerado he creído que un grito quebraba violentamente mi garganta. -"¡¡Necesita tiempo!!"-, me ha parecido decir mientras arrugaba rabiosamente la carta en mi mano, culpable de su propio contenido. Mi boca no se ha abierto en ningún momento y me he hecho un fino corte en la mano con uno de sus bordes.

En la carta rezaba: "¿Por qué no quiere hablar conmigo?"
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Nº5

Hace una semana no hacía sol. El cielo -nublado- presagiaba tormenta. Al dejar el ascensor observé que había algo en el buzón. He sonreído. A saber por qué.

Hacía tiempo que no recibía carta en domingo y he vuelto a recibir una. He sentido emoción. ¡¡Emociona comprobar que se acuerdan de ti!! La carta era celeste.

Entre folletos y propaganda con un "Yo" como remitente y un "A ti" como destinatario, la carta venía sin sobre. Una cuartilla plegada en tres sin sellar. Es único. Nadie que recibiera una carta así dudaría que es para él.

Al abrirla he disfrutado con el sonido que producía el rígido despliegue de su alabastrino papel. Tan corta como de costumbre, cuando la he leido he sentido una gran tranquilidad y ganas de ser feliz. He sonreído.

En la carta rezaba: "Díselo."
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Hace una semana no hacía sol. El cielo -nublado- presagiaba tormenta. Al dejar el ascensor observé el buzón, vacío. Era domingo. Al salir a la calle he sentido emoción.

Estaba nevando en Sevilla.

Dicen que la nieve trae buena suerte y hacía más de 50 años que no ocurría. Muchos de nosotros no habíamos nacido. Quizás necesitábamos ya un buen empujón de la diosa Fortuna. Mis mejores deseos y mi más sincera enhorabuena a todos los que hayan tenido nieve en casa.

2010, año de nieves.

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